El hombre que venció su miedo y encontró su valor.

Mujer Inquebrantable

El hombre que venció su miedo y encontró su valor.

Hoy les comparto una vivencia que me regaló un amigo, acerca de una de sus experiencias de vida. Les comparto esta historia, ya que cuando leí lo que mi amigo me envío, me sorprendí de lo que leí, siempre vi un joven lleno de vida, divertido, carismático y bombeta. Jamás me detuve a descubrir a profundidad lo que él mismo en la intimidad de su hogar, estaba pasando.

Este amigo a quien voy a llamar ´´Martín´´, para preservar su anonimato, por primera vez se abrió a contar una de sus experiencias intimas y personales, pero tan importante de ser leída porque la historia de él puede ser la de muchos hoy en día.

Estamos viviendo en un mundo donde, vemos a personas, amigos e inclusive familiares y no conocemos las guerras que están llevando en sus vidas cotidianas, en la intimidad de sus casas; por eso es importante estar atentos, preguntar cómo se sienten y hacer un alto de nuestras ocupadas vidas, por ocuparnos de los otros, y asegurarnos que, así como somos felices, los otros también lo sean.

Acá les dejo la historia de ´´Martín´´:

Recuerdo mi primer vuelo, tenía un ingrediente particular: tenía demasiado miedo, al punto de contracturarme y pasar noches en vela por haber aceptado visitar otro país por alrededor de una semana.

¡Pan comido! dirá más de uno, otros dirán ¡miedo a volar!, claustrofobia y cualquier otro motivo generalmente probable para evitar un encuentro con algún aeroplano. Sin embargo, en mi razonamiento no había un miedo legítimo a que se cayera un avión, o pensar que iba a estar en un tubo de aluminio durante casi 8 horas.

Recuerdo que hace algunos años, la idea de verme fuera de mi casa era más que una añoranza de mi madre…. de hecho, puedo decir que la única razón para salir de mi casa era tener que trabajar (lo cual convertía el trabajo en un proceso de supervivencia), y eventualmente la única razón por la que salía, era legítimamente no morir de hambre y pagar deudas.

Durante esta época enclaustrado en mi cuarto y con la sangre hecha un coctel de antidepresivos por un cuadro de ansiedad, tuve que aprender a salir del encierro de la misma manera en que estuviera reinsertándome en la sociedad.

Durante una época en la que te sumes en un trastorno psicológico y no tenéis el apoyo adecuado, ves perder desde tu tranquilidad, hasta lo que más valoras: tiempo con la familia, tu pareja, tus amigos. Y lo peor la más afectada de todas las víctimas es quien vive el cuadro.

Sin embargo, hubo un escenario que no atreví a retar durante aquellos años de terapia y en mi intento de reactivación: salir del país.

Pasaron los años y mi zona de confort a base de ansiolíticos me permitió, una vida llevadera mientras empecé a reactivar actividades sociales normales y básicas para cualquier individuo (tan básico como ir a un restaurante, para quienes me conocen esta es la razón de mi buen comer: no lo hice fuera de casa en casi año y medio). Cabe destacar que durante las crisis de ansiedad haber ido a un bar y sostenerme dentro del lugar 30 minutos era considerado una salida exitosa.

Años después de este oscuro periodo de mi pasado, se presenta la opción de enfrentar el único escenario que había decidido ignorar (por miedo) y de la cual no tenía otra opción. ¡Viajar!

Los días de preparativos fueron un infierno, pastillas para la psicosis y relajantes musculares eran parte de la dieta para tener una vida “tolerable” y claramente mi estrés ya lo había traspasado a toda mi familia. Ellos sabían que estaba enfrentando un escenario que había decido “mandar al carajo”, para terminar mi terapia de forma concisa y evitar extender el uso de algunas medicinas años atrás.

Llegué a entender con este viaje mucho de mi condición. Mi miedo no era estrellarme, siquiera era algo tan básico que hasta parecerá no tener cabida: le temía a que en aduanas me quitaran mis medicinas.

Recuerdo que el momento del viaje fue traumático: mi ira desatada y risas fingidas, claramente insinuaban que la estaba pasando de forma angustiante, una de las peores experiencias de mi vida.

Sólo viendo el proceso de aduanas y entendiendo, me di cuenta que mi miedo era infundido (le pregunté creo que a unas 15 personas como era el proceso y sobre el llevar tus medicamentos contigo), pero, aun así, sentía que existía una posibilidad de tener que prescindir de aquello que básicamente te vuelve a una condición normal en casos de ataque de pánico.

La ansiedad como muchos trastornos de la mente, te hacen dimensionar y atormentarte con escenarios que en ocasiones ni siquiera existen. Pero que son tan reales para quien los vive que hasta parecen ser tétricos y amenazantes.

Disfruté el viaje, conocí y aprendí (aparte de comer) un montón. Y sí: volvería a subirme a un avión ya sea a otro destino o el mismo.

De aquí les comparto lo que quiero rescatar para ustedes:

Sólo venciendo el miedo puedes conocer cosas nuevas.

Si alguien te dice que padece de ansiedad entiende que su angustia es real.

No es cualquiera el que enfrenta sus ataques de pánico (la ayuda profesional es vital) es muy importante que busques ayuda.

No pidas perdón por lo que sientes, cualquier persona que legítimamente sea tu amigo y tu familia entenderá que sufres una condición.

Lo más sencillo y cotidiano puede ser un calvario para alguien con esta condición

Autor:  ´´Martín´´ Anónimo

La ansiedad es sin duda una condición que hoy la padecen muchas personas, en mi caso durante toda mi adolescencia pasé tratando de superar las depresiones y la ansiedad en mi vida, por eso es importante que antes de juzgar o pensar que es una enfermedad que solo está en la cabeza de alguien, seas cauteloso y amoroso con quien la padece.

Cuando estás pasando por momentos difíciles en la vida, lo menos que quieres es que te critiquen, hoy en día muchas personas padecen depresiones, estrés o ansiedad; y no cuentan su problema por miedo a ser juzgadas.

Por eso detente en tú camino, y si sospechas que una persona, un amigo o amiga, un familiar está pasando por un momento difícil, antes de juzgar es mejor hacerles ver que tienen en quien apoyarse y confiar. Extiéndeles la mano, escúchalas y diles que no están solas para enfrentar lo que le pueda estar pasando.

Construimos un mundo mejor, cuando nos ayudamos unos a otros.

La depresión, el estrés y la ansiedad son reales. No calles. Busca Ayuda. Y así como Martín, Vence tú miedo y encuentra tu valor.

Hannia Castro

Adm Mujer Inquebrantable

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